lunes, 14 de enero de 2013

Reseña sobre "La noche más oscura": la Operación Lanza de Neptuno


La noche más oscura (Zero Dark Thirty)
Director: Kathryn Bigelow. Guión: Mark Boal.  Intérpretes:  Jessica Chastain, Jim  Joel Edgerton, Taylor Kinney, Kyle Chandler, Jennifer Ehle. EE.UU., 2012. Duración:  157 minutos.

Tras el final de la Guerra Fría, los Estados más desarrollados se encontraron en la situación, muy poco común en la historia, de no verse enfrentados a una amenaza bélica. Los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, de una magnitud sin precedentes, pusieron de manifiesto que incluso el corazón de la primera potencia mundial era vulnerable ante el terrorismo.
A partir de este acontecimiento va a partir La noche más oscura, con el propósito de despejar el intrincado sistema de inteligencia que tejió Estados Unidos en la búsqueda y asesinato del terrorista más buscado de la historia, Osama Bin Laden (a quien se refieren hasta la saciedad en la película como OBL). Nada más y nada menos que la CIA, el Servicio de Seguridad Diplomática, así como todos los mejores cuerpos de la Marina americana, y los servicios de inteligencia de Pakistán, fueron dando palos de ciego durante más de diez años detrás de las pocas pistas que iba dejando el líder de Al Qaeda.
 La cinta muestra, sin patriotismos (lo que levanta todo tipo de sospechas con el Gobierno; ¿acaso la administración Obama dejaría ver la la luz a algo que muestra la verdad sin tapujos, bien documentado y que, más bien, arroja polémica sobre las actuaciones americanas en Oriente Medio?), el periodo desde finales de 2001, cuando EE.UU. arrasa Afganistán en busca de OBL y, ya de paso, derrocar al régimen talibán y dejar a su paso una situación de vacío de poder, o “poder blando”, que más se asemeja a un estado fallido que a un lugar reinado por la democracia y la libertad que propugnan en Washington.
Los métodos que se relatan para llegar hasta el objetivo, sobre todo torturas y amenazas, no han dejado indiferentes a ninguno de los partidos mayoritarios; la Operación Lanza de Neptuno (así se denominó a la caza de Bin Laden) comenzó con la presidencia de George W. Bush y terminó durante el mandato del Nobel de la Paz, Obama. Hay incluso quien ha querido ver los efectos de esta política exterior, reflejados en dichas operaciones, como uno de los detonantes del giro que ha dado el Partido Demócrata a la CIA, con el nombramiento de John Brennan como nuevo director. Tras el estreno de Zero Dark Thirty, el nuevo jefe de la inteligencia norteamericana fue uno de los más críticos con los métodos que se ven en el filme (aislamiento extremo, waterboarding, agresiones,…) y ha cuestionado la efectividad de estos.
Con todo, la pérdida del norte de los estadounidenses en las zonas más calientes (cerca de las zonas fronterizas de Afganistán y Pakistán) es más que evidente: Bin Laden había escapado hacía las zonas tribales del norte pakistaní, y más tarde hacía la ciudad de Abbottabad, mientras que que el debate interno en la CIA es, si investigar sobre dónde será el próximo atentado o centrar todas sus fuerzas en la búsqueda de OBL. Llegado el momento, incluso la población en torno a las principales ciudades de Pakistán empieza a tensar la cuerda a través de protestas en contra de la diplomacia norteamericana: de hecho, una encuesta realizada en 2004 por The Pew Research Center muestra cómo el 65% de los pakistaníes tienen una opinión favorable de Bin Laden.
Ya desde una perspectiva más general, hay que preguntarse sobre qué limitaciones, desde el punto de vista del Derecho Internacional, se le pueden imponer a Estados Unidos en la intervención militar. La propia naturaleza de la operación bordea la legalidad, el transcurso de la investigación y el tanteo en Afganistán y Pakistán sesgó la vida de miles de inocentes, lo que unido a los métodos para obtener información serían motivos para ser juzgados por la Corte Penal Internacional en un supuesto de haberse cometido de manera sistemática. 

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